Conceptos puntuales orientativos
Desde la óptica de la Terapia Neural Médica y Odontológica.
La Terapia Neural Médica y Odontológica no es una medicina alternativa, es una medicina de verdad, con todas sus letras. Tiene una visión totalizadora del ser humano: no acepta su fraccionamiento, su estudio por partes y no lo aísla de su entorno. Por el contrario entiende a la persona como una unidad espíritu-cuerpo-mente interrelacionada e interactiva con la sociedad y la Naturaleza.
La Terapia Neural Médica y Odontológica nace a partir del conocimiento médico tradicional, pero modificado y enriquecido con lo aportado por la física cuántica, la cibernética, la teoría del caos, la teoría de los sistemas, la teoría de las estructuras disipativas, el concepto de complejidad, la teoría de los fractales, los conceptos de autoorganización y de autopoyesis, la teoría Gaia, la teoría de los cristales líquidos que están revolucionando las ciencias. Esta Medicina comprende a la Terapia Neural, a la Modulación Neuromuscular y a la Odontología Neurofocal.
Para la Terapia Neural Médica y Odontológica la enfermedad no es lo opuesto a la salud, sino parte del proceso que hace el organismo en su devenir vital. El organismo se enferma y de ese modo busca encontrar un nuevo camino mediante los procesos de autoorganización, a través de los cuales hallar su sanación y de ese modo seguir el camino de su vida. Esta Medicina promueve, facilita los procesos de autoorganización naturales.
La Terapia Neural Médica y Odontológica tiene una función facilitadora, no es impositiva como la Medicina Convencional. Los tratamientos facilitadores consisten en permitir que el organismo que ha hecho una enfermedad, recupere sus circuitos de autoorganización biológicamente económicos y de ese modo haga su proceso de curación.
La Medicina Clásica, mecanicista, fragmentadora, fármaco-dependiente, basada en esquemas terapéuticos semi-rígidos ha conducido a una relación médico-paciente también semi-rígida, mecanicista y fragmentadora. En la cual el esquema farmacológico o intervencionista impuesto se traduce en un vínculo en el que el paciente debe cumplir y el médico sonreír-saludar-ser amable. Cuando el esquema fracasa, a pesar de haber sido cumplido, la Medicina Clásica en lugar de hacer una autocrítica y buscar salidas no ortodoxas rechaza al paciente, lo acusa de culpas variadas o de padecer un trastorno de orden psicológico.
Lo que aporta la Terapia Neural a la relación médico-paciente es el optimismo por la vida. Es creer en la capacidad reparadora de la Naturaleza. Es creer en el ser humano. La Terapia Neural es liberadora, da la oportunidad al organismo de encontrar su propio camino, sin imposiciones. La persona tratada recupera su condición esencial, es ella misma, sin la influencia de efectos farmacológicos extraños.
El enfermo así tratado, consciente o inconscientemente, se siente íntegro, comprendido y respetado y responde en consecuencia. El vínculo con el médico así se torna mucho más fructífero y humano.
La relación pasa de un vínculo de poder a uno de solidaridad, de reconocimiento de saberes, de respeto, en definitiva es una relación profundamente amorosa. Dr. Julio C. Payán
La ciencia ortodoxa se basa en la relación causa-efecto, es decir una relación mecánica y simple. Sin embargo David Bohm, físico cuántico y filósofo, le dice a los científicos que es importante recordar que ninguna relación única causa-efecto está realmente separada en algún momento del universo como totalidad.
Para que una irritación neural se manifieste como enfermedad es necesario un “segundo” golpe. Eso significa que tiene que haber habido un “primer” golpe condicionante.
Cualesquiera que sean las cualidades del factor irritativo, sea químico, físico, biológico o emocional, y cualquiera sea su lugar de irritación, la expresión de sus consecuencias puede tener lugar sobre estructuras nerviosas que no necesariamente hayan tenido contacto directo con el irritante.
Si un órgano o parte se enferma es porque el ser en su totalidad está enfermo, lo mismo puede decirse cuando se cura o está sano. Ningún órgano o estructura se enferma aisladamente. No existen enfermedades de tal o cual parte, sino enfermedades que se expresan a través de tal o cual parte.
Cada persona es singular. Cada ser singular tiene su propia historia de vida. Las manifestaciones (síntomas y signos) de enfermedad están vinculadas a esa historia. Cada ser singular debe recibir tratamiento personalizado. Las respuestas a los tratamientos son únicas para esa persona y la evolución también. La historia de vida convierte a la persona en un ser singular. Esa historia se inicia ya con sus ancestros y guarda toda la información que permite encontrar el origen de sus problemas de salud y hacer un tratamiento sanador “a medida”. Aquí yace la importancia de recordar que sólo hay el enfermo con su propia singularidad.
¿Por qué razón desde la Terapia Neural Médica y Odontológica nos oponemos a vademecums, protocolos, esquemas, algoritmos tanto para diagnóstico como para tratamiento? — por la singularidad del ser.
Significa que los diagnósticos de enfermedad (sea artritis reumatoide (AR), artritis psoriásica, fibromialgia, lupus, cefalea, vértigo, etc.) tienen que ir aclarados con el nombre de la persona enferma. Entonces el diagnóstico sería, por ejemplo, la AR de Juana, que es distinta de la AR de Mirta y de la de Pedro, y que es una AR única de esa persona y que por lo tanto debe recibir un tratamiento personalizado.
No sirve tratar a todas las AR por igual, ni a cualquier otro diagnóstico médico sin haberle puesto el nombre y apellido de la persona protagonista. Porque “Juana”, “Mirta” y “Pedro” tienen historias de vida diferentes, es decir causas propias que fueron generando cambios en su organismo que se manifiestan hoy como su enfermedad. Y cada problema de salud debería ser tratado según sus causas generadoras físicas-emocionales-espirituales. La Terapia Neural Médica y Odontológica lo entiende de este modo.
En primer lugar busca la causa en la propia historia de vida de la persona enferma y luego aplica estímulos con un anestésico local muy diluido para que el propio organismo recupere sus capacidades naturales que le permitan, a su vez, recuperar su bienestar.
Nosotros usamos procaína o lidocaína muy diluida en solución fisiológica sin ningún agregado. En esa concentración tan débil no produce anestesia sino que actúa como impulso para la autoorganización, regulando al sistema nervioso. Al usar la procaína o la lidocaína tan diluida, sin agregados, sin adrenalina ni corticoide, no ocurren efectos secundarios.
¿De qué modo la lidocaína o la procaína modifican al sistema nervioso? Lo que hacen es normalizar el estado eléctrico de las membranas celulares alteradas del tejido nervioso relacionado con áreas enfermas, lesionadas o cicatrizadas, que de ese modo recuperan su vitalidad.
Localmente la procaína o la lidocaína actúan durante muy poco tiempo pero su efecto terapéutico puede durar días, meses o indefinidamente. Porque lo que se mantiene es el nuevo estado de organización que logra el organismo tras el estímulo, pese a que el medicamento haya desaparecido mucho tiempo atrás. De la gravedad del desequilibrio depende el número de aplicaciones necesarias.
La artrosis no es una enfermedad en sí misma. No es desgaste. No somos máquinas. Es la manifestación, en articulaciones, de la pérdida de la capacidad natural de reparación de los tejidos. La artrosis no es causa sino consecuencia. Es necesario encontrar la/s causa/s, es decir los focos o campos que irritan al sistema nervioso y generan pérdida de la capacidad de reparación.
El sistema nervioso maneja múltiples funciones naturales necesarias para la vida. Existen mecanismos naturales para no marearse y mantener la estabilidad. Es necesario encontrar la/s causa/s, es decir los focos o áreas que irritan al sistema nervioso y generan pérdida de esas capacidades.
El sistema nervioso maneja múltiples funciones naturales necesarias para la vida que están alteradas en la fibromialgia. Por ej. existen mecanismos naturales para no tener dolor persistente. Es necesario encontrar la/s causa/s, es decir los focos o áreas que irritan al sistema nervioso y generan pérdida de esas capacidades.
Así como esta medicina evalúa la totalidad del ser para hacer un diagnóstico e instituir un tratamiento, el tratamiento también actúa sobre la totalidad del ser. He tenido la oportunidad de ayudar a personas con angustia, ansiedad, miedo, pánico, fobias, depresión, trastornos psicóticos, y a víctimas de maltrato, tortura o abuso sexual. El tratamiento neuralterapéutico permitió suprimir el “empastillamiento” en la mayoría.
No existen enfermedades DE la piel sino enfermedades que se expresan A TRAVÉS de la piel (ningún órgano está aislado de la totalidad). Siguiendo a Kent (Filosofía homeopática), si la enfermedad se expresa en la piel es que el organismo está haciendo un esfuerzo por curarse. Si tratamos esa manifestación con pomadas o medicación específica, lo que probablemente provocaremos es una vicariación progresiva, es decir, un agravamiento del problema original.
El estado previo del organismo, físico, psíquico, espiritual, juega un papel fundamental. Son las condiciones de autoorganización en las que se encuentra la persona al contactar con el virus lo que marca la diferencia. El virus actúa como factor desestabilizante, el organismo pierde su armonía natural y presenta las manifestaciones de enfermedad. El virus es el agente irritativo, pero el terreno —el estado de salud previo de la persona— determina la capacidad de daño del virus.
Desde la visión de la Terapia Neural Médica y Odontológica, la persona dentro del contexto de su singularidad, de su historia de vida, hace una enfermedad, hace un dolor como parte de su devenir biológico. El dolor persistente es una manifestación resultante de un proceso que señala un desorden primario de la armonía natural. Por estas razones, el tratamiento del dolor persistente debería ser personalizado y dirigido a la causa generadora de ese desorden.
Dolor persistente vs. dolor crónico: mediante la Terapia Neural Médica y Odontológica + Modulación Neuromuscular podemos resolver los problemas de dolor crónico desde su causa, y por esa razón no lo llamamos crónico, sino dolor persistente.
Lo que es visible debe formar parte de su conocimiento y ha de saber reconocer la enfermedad por sus síntomas, del mismo modo que pueden hacerlo los que no son médicos. Pero eso no le convierte en médico: se convierte en médico cuando es capaz de reconocer los factores innominados, invisibles e inmateriales. Paracelso (1493–1541)